

El spanking, puramente realizado con la mano sobre una persona vestida, o más adulteradamente realizado con paddles sobre personas desnudas, parece ser el rey de las fantasías, seguido por el canning, también está asociado a roles de padre-hija, profesor-alumna, dónde la desnudez total no es un requisito.
En ambos casos, la atención de las caricias se centra en las nalgas. Ahí, pienso, se junta un factor fisiológico (al estar próximo a los genitales favorece la excitación) con un factor erótico (los culetes son un estímulo atractivo cuando observas otro cuerpo).
Una mujercita contactó conmigo, mostrando mucho interés por ser azotada, de hecho, había probado a azotarse a si misma en diferentes zonas y con diferentes instrumentos caseros, y se preguntaba qué más sensaciones podrían sentirse.
Hice una diana, y escribí variedad de castigos corporales: Bastoneo en las plantas de los pies, azotes en la cara interna de los muslos, bullwhip en el torso (espalda, pecho, abdomen), y los clásicos canning, paddling, etc. Cuando estaba saturada de una sensación, pedía cambio, y con mi fantástica puntería de rifle de feria, lanzaba un dardo a mi diana, y le practicaba el castigo dónde hubiera acertado, hasta que pidiera nuevo cambio.
El regalo de esta chica fue: un paddle de cuero.
Algunas personas dicen gustarles ser tratadas como perritas, pero no se han parado a pensar en todas las inconveniencias
que una mascota asume por sus propias limitaciones para enteder el mundo, por que eres su propietario, o porque no quiere enfadarte.
No puedes razonar con un animal porqué no quieres que se suba al sillón, porque cambias de marca de comida, ... ni tampoco puede decirte si prefire un plato más hondo, un colchón más blando, o encargarte una marca de comida para esa semana.
Se trataba de una jovencita revelde, que cometió la imprudencia de despedirse en un mail quejándose de tener que atender a su mascota. Le llamaba más la humillación que el castigo corporal. Así que el planteamiento para su sesión parecía evidente.
Pasó desnuda 8 horas. Solo orinó en una ocasión, levantando la pierna dentro de la bañera, dónde fue lavada un rato más tarde. La dejé sola unos minutos, encadenada, mientras aproveché para ir a comprar unas galletas. Comió en dos ocasiones, lo que quise, cuando quise, y cuanto quise. La estuve acariciando mientras veía un rato la televisión. Como no tenía colita, le introduje unas bolas chinas, unas cuantas dentro, y otras colgando, que se preocupó de que no fueran expulsadas durante el rato que jugamos, entiendase, a pelea hombre-perra, y a recoger para trare en su boca lo que yo le tirase, fuese lo que fuese.
Para ser justos, atendía a sus gemidos, y expresiones, pero haciendome el despistado. Y estaba tan metida en su papel, que nunca excusó una palabra. Y como así, no me dió motivos para ningún castigo, pues ningún azote se llevó de recuerdo.
El regalo de esta chica fue: una foto de su perrita Linsei.
No es que prefiera las sesiones light, que las prefiero, es que además pienso que nadie necesita una sesión cuyas huellas duren una semana, del mismo modo que sí se necesita un orgasmo.
Cuando me dicen que aceptan con agrado cierto nivel de dolor, nunca entiendo que sea necesario proporcionárselo. Interpreto que, experiencia tras experiencia, han llegado a un punto dónde pueden soportar estímulos bastante intensos conviviendo con la excitación, pero si en el momento no parece el camino para incrementarla, es contraproducente avanzar por ahí. "Si no puedo darte más placer, te daré más dolor, que te gusta" es una visión incorrecta de los hechos. Que pueda soportarlo, o desearlo, o disfrutarlo en un momento dado, no significa que siempre pueda alcanzarse, no es como hacerle cosquillitas o hacer un masaje, que siempre le apetece.
Y en este caso, así fue, no hizo falta más, se lo pasó estupendamente, sin alcanzar sus espectativas de intensidad. Le hice un bondage, que bien parecía que iba a recibir más que un cristo, y luego simplemente le acaricié y penetré con cierta dulzura.
El regalo de esta chica fue: la "Triple cadena" que listo en la sección de noticias.
Con sus propias braguitas, con un par de "Shorty sin costuras" , y con una "SABA Túnica" comenzó la sesión.
Son frecuentes los vídeos de spanking dónde la sometida no posa completamente desnuda, incluso pueden encontrarse vídeos dónde el spanking se realiza sobre un pantalón, o sobre las braguitas, o varias braguitas sobre puestas.
En ningún momento se quitó totalmente el camisón, nunca me presentó sus pechos, pero sí fue perdiendo paulatinamente las diferentes capas de protección que albergaba bajo su faldón. Tantas piezas que permitieron comenzar directamente con un caneado sobre unas nalgas que no conocían tal sensación, y conforme se acostumbraban a ella, la iban sintiendo cada vez más cerca.
Alcanzar el simple enrojecimiento nos llevó casi una hora, durante la cual, fuimos avanzando por diferentes intensidades. Su primera serie debió suponerle poco más que veinticinco caricias, pero cuando le arrebaté el primer shory, se percibió un claro momento de concienciación.
Las series se hicieron más largas, a la vez que mas severas, y la frecuencia de azotes crecía por momentos. Aún así, parecía segura, y entonces le ordené que se quitase el segundo shorty, lo cual le suponía pasar por un momento, de ser una víctima pasiva, a autorizarme activamente a azotar directamente sus nalgas, y dar un nuevo incremento de dolor-placer en cada gesto.
Sus propias bragas, cubrían escasamente su enrojecido trasero, desde un punto de vista púramente masoquista, ninguna falta hacía retirarlas, pero esto es dominación, el dolor es el sentimiento más facil de provocar, era momento de dar otro paso, al pudor, y al miedo, porque entendió que quitarse otra capa, supondría más dolor, pero no había en mí intención alguna de dejar huella el día siguiente, más que en su recuerdo.
Se hizo la remolona, y un azote contundente ... no, esto son solo anécdotas, no relatos, no contaré más detalles.
El regalo de esta chica fue: aportar ella la ropa de Etam que se utilizó.
Apocalyptica es un grupo de música heavy que únicamente tocan violonchelos. Por momentos pueden ser tan plácidos como Mozart o tan ruidosos como Iron Maiden.
No los conocía, me comentó antes de comenzar. Sonaban a un volumen comedido, aunque su atención se debía más a otros menesteres, era obvio que les prestaba atención, así que hubo algún momento, dónde mis caricias, fueran manuales o instrumentales, se dejaron llevar por el ritmo ... Interesante, a la fin.
El regalo de esta chica fue: una invitación para el siguiente concierto que una orquesta en la cual actuaba ocasionalmente daba en el Palau de la Música.
La película "9 semanas y media" refleja una relación de dominación sumisión en muchos aspectos que pasan desapercibidos a las personas que no conocen el mundillo. Para quienes la vimos siendo pueriles adolescentes, era una película erótica más, sin embargo llamaba mi atención que chicas que jamás reconocerían ver porno a esas edades, admitían que les gustaba esa película. Qué sutileza había en ella que estimulaba su morbo ... lo que más tarde llamaría sado indoloro.
Lo habitual, al hablar de esta película, es que la gente recuerde la escena de la comida, sin embargo, por mi cabeza merodeaba otra escena, más próxima al final, ideal para una mujer que portaba el clásico estandarte "me gusta que me traten como una prostituta".
Le pedí que trajese tantos billetes de 5 euros como pudiera, avisandole que tendría oportunidad de volver con ellos a casa. Y reversioneamos la escena.
Esparcía los billetes por doquier, le pedía que los recogiese, de uno en uno, cada vez de una manera, con la boca, con los piés, ... Si lo depositaba en mi mano, se lo guardaba en su bolso, pero si se le caía, le daba un azote, y lo volvía a situar en otro punto de la habitación. Al final, ella recuperaría todo su dinero, la cuestión era cuantos azotes le costaría, y cuanto me tiempo permitiría estar disfrutando de verle desplazar en suave movimientos su esbelto cuerpo cuarentón, que mandaba detener siempre que lo encontraba en alguna erótica posicion de lo más inusual.
El regalo de esta mujer fue: este simpático osito que juega con su aspirador, comprado en el Blue Sex Factory de la calle Bailén. La colección es ámplia, por si alguna se anima ;)
Una chica me comentó que fantaseaba mucho con escenarios sado, disfrutaba con vídeos e incluso reportajes fotográficos, pero cuando había intentado practicarlo, no lo pasaba bien.
Normalmente, nadie escribe a un profesional para decirle que no necesita de sus servicios, así que entendí que esperaba una "solución". Después de pensar un rato, se me ocurrió ofrecerle participar como azafata. Es más real que un vídeo, pero involucra menos que ser un personaje principal.
Por lo tanto, para sesiones locales en valencia, y en función de su disponibilidad, si algún cliente lo solicita, podemos contar con esta tercera persona. Su rol no le permite acariciar a mi cliente, ni a mi cliente acariciarla, se limitará a colaborar en la realización de bondages u otras sugeciones, y a preparar velas, pinzas, bolas chinas, consoladores, u otros utensilios que fueramos a utilizar.
He estrenado las cartas de castigos, unas cartas con un número y un utensilio, las ofrezco boca abajo, la sumisa coge una, y recibe el castigo indicado.
Era una sesión avanzada, la chica tenía experiencia como para usar media baraja, y tampoco le faltaban ganas. Hubo un momento en que suspiró, al ver que por tercera vez le tocaba recibir unos azotes con canne. Le ofrecí la baraja de nuevo, pero se postró y me dijo "he venido a pasármelo bien". En realidad fue un gesto de amabilidad por mi parte, sabía que no sería ningún suplicio para ella, simplemente me gusta recordarles que son libres, que no tienen nada que demostrar, salvo que saben disfrutar. Aún así no pude evitar ser condescendiente, fueron prácticamente siete caricias, por su cara me pareció que había tomado una buena decisión, así que al acabar le susurré "y yo estoy aquí para que lo consigas".
El regalo de esta chica fue: un muñeco del capitán Jack Sparrow.
Mi primera sesión en alemán fue con una Austríaca, Vienesa concretamente. La chica había entrado cien veces en el sexshop de Maria Hilfiger Straße. Había alucinado con los aparatos que tienen en exhibicion, había fantaseado en solitario, alimentando su curiosidad hasta un punto exacerbado, y sentía que era el momento de liberar esa tensión.
Como no es lo mismo imaginarlo que vivirlo, el planteamiento de la sesión fue meramente introductorio. Fuimos a una mazmorra, y le pedí que la explorase por sí misma, que mirara, y tocara, los jugetes, que se sentase en el aparato que quisiera, que se relajase, y fantasease. Cuando creí que su organismo estaba totalmente alterado por sus hormonas, me aproxime, como quien entra por propia voluntad en una fantasía ajena, y procedimos a divertirnos.v
El regalo de esta chica fue: enviarme por correo postal una foto de Viena al mes durante doce meses.